sábado, 5 de febrero de 2011
Cómo cortarle el rollo a un pulpo
martes, 1 de febrero de 2011
Malos humos

Tratando un tema muy de actualidad (quizá más de lo que me gustaría, ciertamente), me dispongo a hablar sobre la famosa, polémica, irreverente y zascalólica: LEY ANTI-TABACO (leer con voz tenebrosa mientras suena un grito agudo de fondo)
Y es que aquí, en este país al que me referiré sin calificativos, no se les vaya a caer el bigote o el jersey de los hombros del susto, la noticia ha pillado un tanto desprevenida a la población, y han saltado las alarmas generales, ¡Nos roban la libertad! ¡Machacadles! ¡Nos quieren poner a la altura de las normativas europeas! ¡No lo permitiremos! Y un largo etc. de gritos de socorro y pánico general.
Pero por mucho que ironice sobre el tema, y por mucho que agradezca el poder salir a tomar algo y que no me ahúmen cual salmón, hay que reconocer que muchas de las quejas son justificadas; las cosas no se han hecho como debieran, y eso está claro.
En primer lugar, en un país con una cultura “de bar” tan arraigada, el cambio drástico ha pillado demasiado de sopetón: de no haber prácticamente ninguna restricción (los locales para no fumadores eran un mito), de un día para otro la prohibición es total y rotunda.
Por otra parte, la planificación sobre este asunto por parte del gobierno ha sido pésima. Hace dos o tres años se cambia normativa, y se obliga en algunos locales a la instalación de las denigrantes “peceras”, donde faltaba tirar cacahuetes a los fumadores. Tras este gasto, ahora se prohíbe totalmente fumar en lugares públicos cerrados; lo que conlleva una muy recomendable la instalación de estufas exteriores y la invalidez de la inversión realizada en la instalación de peceras.
Teniendo en cuenta que el “pasar por caja” es algo prácticamente obligatorio e inevitable a la hora de regular un asunto de estos (habrá que contentar a algún cuñado/sobrino/primo/vecino de algún pez gordo), a mí en concreto se me ocurren varias formas de suavizar la ley manteniendo contentas a las masas. Por ejemplo, la prohibición total en los locales donde se sirva comida, pero en el resto la posibilidad de fumar siempre que el local cuente con un potente sistema de ventilación (nivel NASA o algo así)
Como ya se sabe, nunca llueve a gusto de todos, y siempre habrá alguien quejándose, que por algo es el deporte nacional. En relación con esto, me gustaría mencionar algo curioso, y es que por norma general, la gente joven fumadora muestra más respeto y tolerancia por quien no fuma que las personas de mayor edad. La actitud de los “parroquianos” anclados a un taburete de bar y fosilizados junto a la barra suele ser la de “pues a quien no le guste que se joda, que se vaya a un bar de no fumadores”. Pero, como ya he mencionado, esos bares son escasos, y si ya hablas de discotecas, son casi inexistentes.
Pero yendo más allá de la primera impresión, este cambio de actitud en los jóvenes es una muestra de la creación de una nueva conciencia sobre este tema que, si continua, probablemente va a hacer más tolerable un cambio tan radical como la prohibición absoluta que se ha decretado. Actualmente, en cambio, sin esa nueva conciencia en la mayoría de la población, el asunto es descabellado.
Además, en ámbitos como el ocio nocturno, ésta ley ha perjudicado más que beneficiar la comodidad de los clientes. Hay quien reclama, como respuesta a la Ley Anti-Tabaco, una Ley Anti-Sobaco, y por lo visto está a punto de convertirse en un asunto de estado…
Volviendo al tema serio, y como conclusión, la nueva normativa es demasiado estricta para la sociedad actual; el cambio, más que en la prohibición, debe radicar en la concienciación y en la educación a los jóvenes, acompañadas de medidas de regulación que allanen el camino sin restar libertades tan abruptamente.
Saludos desde el Olimpo
martes, 25 de enero de 2011
Matrimonio: "esperar a que el otro se muera"

Matrimonio según la RAE: 1. Unión de un hombre y una mujer concertada mediante determinados ritos legales. 2. Plato que se hace de arroz blanco y habichuelas guisadas.
De entre ambas acepciones, me quedo con la segunda. ¿Quién no elegiría un suculento plato que te llena el estómago durante 8 horas, antes que un contrato (cuyo origen es "no vivir en pecado") que lleva a la destrucción recíproca y permanente de dos personas? De todas formas, los matrimonios no suelen ser de 2 personas: 3 o 4 es lo más habitual (más ya sería pasarse).
La mejor forma de convertir a alguien en un desequilibrado y un inseguro para toda su vida, es que sus padres se divorcien y le hagan creer que fue por su culpa. Éste es un recurso más utilizado que el "trabajamos por vuestro bienestar" de los políticos. Dos personas se enamoran (o eso creen), se prometen un montón de cosas (como los "bajaremos los impuestos", "aumentaremos las prestaciones",...), y se dicen un montón de frasecitas bonitas tales como "siempre estaremos juntos" o "quiero pasar contigo el resto de mi vida", pensando que ELLOS sí que lo cumplirán, no como el resto de la gente.
Pero lo que tardan en convocarse otras elecciones generales, estás del partido, la partida, el pariente y la pariente, hasta los mismísimos cojones. Sus graciosos dedos torcidos te parecen la mayor aberración que ha cometido la naturaleza (que no es poco), cuando oyes sus desternillantes chistes por enésima vez, comprendes todos los recientes asesinatos "de género" (que no son pocos), y en la cama te lo pasas mejor con tu libro de sudokus (más variado y más entusiasta). Todas esas noticias son meras tapaderas: esas parejas mayores (y no tan mayores) no mueren envenenados por el gas de la cocina; mueren envenenados por la rutina de sus vidas (es lo más tóxico que hay).
Dijo Basil Hallward a Dorian Grey: "Algunas cosas son más valiosas porque no duran". Dorian no le hizo ni puto caso. Y así terminó. "¡Lo mío durará!" Los seres humanos somos expertos en creernos los primeros de la historia en hacer algo, y en que a nosotros sí nos saldrá bien, porque somos muy listos y muy guapos, y aprendemos de la experiencia ajena. Si fuera así, desde que la mujer pudo sobrevivir de forma autónoma (los 50-60), no habría habido ni un matrimonio más.
"Si estabas enamorado, ¿por qué te casaste con ella?" dijo Wilde (ni siquiera él supo aprender de sus propias palabras). Si queremos a alguien, queremos poseerlo, asegurarnos de que no nos va a abandonar, atarle a nosotros. Tenemos miedo a perderlo, a que cambie de opinión (¿Y si engordo? ¿Y si me despiden? ¿Y si se cansa de mí?) Somos demasiado inseguros para darnos libertad.
Little Britain USA lo expresa con toda la crudeza y realismo posibles: "El matrimonio es perfecto no sólo para arruinar tu vida, sino para arruinar la de otra persona". "Mira a esos 2 monos ahí. No pueden estar más lejos el uno del otro. Antes estaban enamorados. Ahora sólo les queda esperar a que el otro se muera". Hasta que la muerte nos separe...
Mi humilde consejo (que no cumpliré; yo no voy a ser la excepción): aprovecha el afecto (sin forzarlo), disfrútalo. Porque NADA dura para siempre (y por eso el matrimonio no tiene sentido). Las personas cambian (menos mal), y somos mortales (salvo los vampiros). Es mejor decir: estaremos juntos hasta que la vida nos separe.
sábado, 15 de enero de 2011
Rodillas peladas

viernes, 14 de enero de 2011
Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
miércoles, 12 de enero de 2011
Culto a lo imposible

Lo imposible
Quizá es ese pequeño romántico decimonónico que tenemos en nuestro interior el que nos empuja irremediablemente a querer conseguir lo que no podemos (o no debemos) alcanzar.
Un geniecillo aventurero y bastante tocapelotas que levanta el inconformismo de nuestro espíritu y nos hace anhelar aquello que en circunstancias lógicas rechazaríamos por comportarnos de manera racional y por puro instinto de supervivencia.
Rechazamos lo que nos lleva a desengaños y desilusiones, lo que está condenado al fracaso desde el comienzo.
Pero este fenómeno del culto a lo imposible hace que como rebelión a la racionalidad (consciente o inconsciente) renunciemos a nuestra propia salud para completar nuestro espíritu aventurero. Y es precisamente este inconformismo la sal de la vida, lo que nos hace soñar sin pensar en el batacazo final.

