Zepelín de Alumnas Socialmente Cabreadas y Asqueadas



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viernes, 7 de septiembre de 2012

Mujer: voz y voto

Ya hacía tiempo que quería escribir una serie de artículos sobre la mujer y toda la represión ejercida por la sociedad hacia su persona a través del control de su cuerpo, del lenguaje, de la publicidad, de su sexualidad, de su libertad de elección, de la legislación vigente, de la mentalidad social de la España de los aquelarres como el que acaban de protagonizar contra la ya famosa concejala manchega...hecho que me ha animado a empezar a escribir definitivamente sobre el tema y no dejarlo más en el tintero.

Yo no me considero parte de aquellas mujeres que se dicen ser abanderadas del feminismo. Me desmarco totalmente de sus posiciones y no considero que me representen en prácticamente nada. El sufijo "-ismo" sólo me recuerda a la denominación de enfermedades, como por ejemplo "raquitismo". O como "machismo". Utilizar "feminismo" me parece usar una denominación que pone a las mujeres que lo usan al mismo nivel que el de la discriminación machista, y en algunos casos de feministas extremas trasnochadas, verdaderamente merece estar precisamente a ese nivel.

Aclarada mi absoluta desconfianza ante cualquier extremo y mi  rechazo hacia el considerar a cualquiera de los dos sexos como responsable único y absoluto de los problemas que azotan al otro (aquí no hay víctima y verdugo), animo a quien comparta mis posiciones a continuar leyendo, y a quien no las comparta le advierto de que puede leer con total libertad, pero que podría llegar a hervirle la sangre.


Mujer y lenguaje

El primer escollo que encuentro al trato igualitario entre ambos sexos es la discriminación lingüística.
Y no, no me refiero en absoluto al masculino plural genérico y tampoco a las típicas dudas de género como "la juez" o "la jueza". De hecho, estoy firme y decididamente en contra del uso desdoblado de singulares y plurales masculino y femenino cuando un orador se dirige a una colectividad constituida por oyentes de ambos sexos y de la "x" o la "@" en sustitución del monema identificativo del género ("a" u "o") de las palabras. Estas medidas de atentado desmedido contra la lengua castellana y su evolución natural resultan ser, además de ortográficamente y fonéticamente incorrectas (las últimas citadas), por un lado, repetitivas y contrarias al principio de economía del lenguaje, y por otro lado, hacen hincapié precisamente en la segregación sexual. A mi juicio no forman parte de un reconocimiento a la presencia de la colectividad femenina en el escenario social sino que realzan el sentimiento de dos colectividades opuestas, contrapuestas, que son incapaces de integrarse en un espacio común de convivencia social y, por tanto, necesitan ser reconocidas como independientes y ser diferenciadas en todo momento, siendo la lengua la más fácil víctima de esta intromisión. Este pretendido igualitarismo es, precisamente, el creador de un fuerte y nuevo mecanismo de segregación que profundiza en los elementos de distinción de los sexos en vez de en sus aspectos comunes, que son los que verdaderamente nos hacen avanzar hacia la igualdad.

A la discriminación lingüística a la que me refiero es aquélla en la que palabras como "perra", "zorra", "guarra", "llorar como una nena", "verdulera", "ligera de cascos", "chica de vida alegre", "el oficio más antiguo del mundo" e infinidad de expresiones referidas a una consideración de la mujer como un ser débil y promiscuo. No vamos a poder modificar el significado de estas palabras, y aunque pudiéramos reescribir los diccionarios, la lengua viva los mantendría en vigor. Por tanto, si se quiere conseguir cambiar esto, debemos intervenir activamente en nuestra propia forma de hablar y conseguir que estas expresiones vayan cayendo en desuso y su significado primitivo caiga en el olvido. Y no hablo en este caso sólo de mujeres; hablo también de "subnormales", "anormales", del "maricón el último", del "mariposón", del "retrasado" y de muchos más que sufren el mismo desprecio lingüístico. Me mantengo a favor tanto de la economía del lenguaje como de la exigencia de la precisión de los términos, pero considero que no hace mal poner en boga los sinónimos no despectivos que designen a estas personas, porque entonces serán reconocidos dentro de la sociedad como parte integrante de la misma sin derecho a ser maltratada por ningún tipo de motivo. Ojo, hablo de sinónimos y no de eufemismos, que no cuelan y son muy difíciles de ser aceptados en el lenguaje diario, pues llamar a las cosas con respeto por su propio nombre no debe conllevar un enmascaramiento de la situación real.

Y por último, pido también respeto para las creencias religiosas. Al igual que me parece denigrante llamar "maricón" a un homosexual, encuentro al mismo nivel a una persona que "se caga en Dios". Hay personas creyentes en este mundo que muestran un comportamiento más respetuoso y socialmente comprometido que aquél que ha blasfemado.


Mujer y publicidad

Estás fea, gorda, tienes arrugas, tienes la regla, tienes niños, tienes un baño que limpiar y mil lavadoras que hacer, suelos que fregar, vitaminas y aspirinas que ingerir, una mayonesa ligera en calorías que comprar, una dieta de adelgazamiento que seguir, trabajo que terminar, ropa nueva que comprar, tacones altos que ponerte, dentífrico blanqueante que usar, maquillaje extra-fuerte que echarte para disimular tu edad o igual los puñetazos de tu desgraciado marido, juguetes que comprar a los niños y Barbies de raza aria (sé que hay de color, pero siguen siendo minoría) que comprar a tus hijas para que sigan ese modelo obsoleto de mujer perfecta y dedicada a su familia. Que queden desde niñas bien educadas para el futuro, para que sigan repitiendo los errores milenarios del sexo femenino.

No creo que hayamos avanzado demasiado. Da vergüenza ajena ver todo esto. Por cierto, que en la tele hay bien pocas mujeres que lleven el pelo corto. ¿Por qué será?


Mujer, legislación y sexualidad

El aquelarre a la concejala del PSOE manchega ha despertado mi solidaridad. Mujeres, tenéis que empezar a gritar fuerte "yo me masturbo porque quiero y porque me gusta". Y a daros cuenta de que vuestro cuerpo es sólo vuestro, y no pertenece a nadie más. Y que, por tanto, se lo puedes entregar a quien tú quieras, como quieras y cuando quieras, y que nadie puede arrebatarte tu derecho a usar medios de protección de embarazo y ETS.

Vivan las mujeres solteras, las casadas, las madres casadas o solteras, las lesbianas, las chicas, las niñas, las adultas, las señoras mayores. Y vivan las trabajadoras del sexo que hacen lo que quieren porque quieren.

La prostitución a mí, personalmente, me crea un fortísimo conflicto ético. Mi pensamiento es incierto acerca de ella, pero puedo avanzar algunas líneas de mi discusión interna, para plantearlas al lector:

Estoy radicalmente en contra de la prostitución en la calle. Solo crea precariedad de condiciones, ilegalidad, descontrol, situaciones antihigiénicas y potencialmente peligrosas (agresiones, etc) tanto para la trabajadora como para el consumidor y para vecinos o transeúntes. Y provoca sobre todo extorsión, proliferación de mafias y de trabajo esclavo.

Pero por otra parte, la legislación española sigue teniendo a la prostitución en una situación "a-legal". No ilegal. Simplemente no reglada. Si no es legal pero tampoco ilegal, resulta dificilísimo manejarla. Y en este contexto, todo entra en el mismo saco, y no debería ser así.

Propongo una legalidad estrictamente reglada para acabar con la mafia ilegal y poder atacarla frontalmente. Reglar la prostitución permitiendo la creación de establecimientos bien habilitados, separados entre sí a determinada distancia mínima (evitando la aparición de barrios-prostíbulos) con medidas de seguridad propias y derechos de admisión, donde legalmente por obligación haya a disposición de clientela y trabajadoras métodos anticonceptivos de barrera, donde las trabajadoras tengan un horario laboral (acabando con los hoteles-prostíbulos de una vez por todas) y haciendo un registro legal de trabajadoras que las reconozcan dentro de la legalidad como autónomas (eliminando la mafia de las madam) con derecho a formar asociaciones de trabajadoras que puedan reglar precios mínimos y cotizadoras de la Seguridad Social, garantizándoles además asistencia gratuita y constante a pruebas de ETS y de embarazo, como a toda la sociedad.

Y también garantizarles el derecho al aborto sin tener que dar explicaciones, como toda mujer debería tener, pues la mujer ha de tener la posibilidad de decidir cuándo está suficientemente preparada como para traer un hijo al mundo sin temer que padezca extremo sufrimiento o que muera de hambre en sus manos por no tener recursos para poder atenderlo. La legalidad debe garantizar a la mujer el acceder al aborto sin explicaciones, sin trabas y debe garantizar la atención legal y médica en altos estándares de calidad que corten de raíz todo intento de clínica ilegal, que sólo pone en riesgo la vida de la mujer y la criminaliza.

Y la mujer debe dejar de tener derechos excesivos sobre reparto de bienes en el divorcio. No olvidemos a los hombres. Hay de todo en el mundo, también mujeres muy malas, mujeres machistas y mujeres que pegan a sus maridos. Y la violencia en casa la sufren también los niños. Y tanto hombres maltatados como niños son, a mi juicio, los dos colectivos que continúan más en la sombra en cuanto a violencia doméstica. Puede que sean muchos menos que las mujeres, pero también existen, y debemos romper el viejo rol del hombre en la sociedad para que pueda admitir que sí, que también es vulnerable, y que también debe pedir ayuda cuando es maltratado. A mi juicio, deben equipararse un poco más las sanciones por violencia doméstica (porque es doméstica, ejercida en casa, y afecta como tal a todos los miembros de la casa, y me muestro contraria a la denominación "violencia de género". ¿Qué género? La violencia puede darse también en una pareja homosexual) y desestimar el sexo de la persona agresora. Y en el divorcio, reparto de bienes al estricto 50%, o bien devolución de bienes a manos del que fuera propietario antes del matrimonio.

lunes, 6 de agosto de 2012

20 minutos

Los 20 minutos en los que con más seriedad me he replanteado toda mi vida han sido aquéllos que han transcurrido mientras se analizaba mi muestra de sangre. En la prueba rápida del VIH.

Cuando pensamos en esta enfermedad, nos asustamos, pero la creemos lejos, que nunca nos llegará. Que es cosa de ambientes marginales, de prostitución, de jeringuillas y drogas, de subdesarrollo, de tercer mundo, de prohibición del preservativo por los ultrarreligiosos, de homosexualidad...de todo menos de lo que nos concierne a nosotros, entendiendo por "nosotros" la clase media-acomodada que la crisis está haciendo desaparecer.

Ingenuos todos. Las enfermedades no avisan, no esperan y son las más democráticas de todas, porque ellas, al igual que la muerte, no hacen distinción. Son monstruos que arrasan todo y que matan silenciosamente. Pueden pasar desapercibidas durante años y de repente brotar y arruinarte la vida. Y la de los que te quieren. Yo quise saber si es que portaba ese veneno en mi cuerpo, y me hice la prueba rápida.

Pensé, en los 20 minutos, en lo que diría si era positivo. ¿Cómo se lo cuentas a los tuyos? ¿Cómo se lo cuentas a tu pareja? Y tú, ¿de verdad quieres saber el resultado? Entra el miedo, el mareo y el sudor frío mientras con un algodón aprietas el dedo del que te han sacado la muestra de sangre. Repasas mentalmente todos los "méritos" que has hecho para creer que tienes posibilidades de haberte infectado, y aunque te protegieras, puede que hubiera algún momento en el que creíste que no corrías riesgo...pero luego, ya pasado, no pensaste lo mismo.

Yo fui por las dudas. Porque no sabía hasta qué punto corrí riesgo o no, porque no encontré información concluyente ni altamente fiable sobre el tema. Fui por mi actual pareja, porque le amo y porque no me perdonaría en la vida que una imprudencia mía le afectara. Fui para quitarme las dudas. Para replantearme mi vida sexual. Para aprender qué se siente. Fui sola y no se lo dije a nadie, sólo a mi novio le dejé un mensaje.

Creo que es de valientes reconocer que puedes estar en situación de riesgo, reconocer que si crees que puedes estar infectado tienes la responsabilidad personal, social y familiar de saberlo. Es que tienes derecho a confirmar que estás sano, sin más. Y es de muy valientes meditar sobre esto y acercarse a hacerse la prueba, porque todos creemos que no será, pero quien va a hacérsela sabe que hay alguna posibilidad de que sí, sea. Y es valiente porque está dispuesto a plantarle cara al dilema y sepa superarlo sea cual sea el resultado. Así que mi enhorabuena a todo aquel que alguna vez se hizo los test del VIH, porque es grande su valentía y su dignidad.

No sé cómo pensaréis que acaba esta historia. Yo os lo puedo decir.

El test fue negativo. Estaba perfectamente sana. Lo esperaba, hice el test más que nada para asegurar mi salud, pero aun así la tensión me hizo derramar lágrimas de alivio.

Yo me protegí siempre, pero algunos momentos en mis relaciones y las costumbres sexuales de alguna de mis parejas me hicieron dudar. No recuerdo preservativos rotos, pero, ¿y si hubiera sucedido?

Esta es una historia de final feliz, pero muchas otras no lo son. Yo he sacado una lección de vida valiosísima que me ayudará a plantear con mucho más cuidado mi actitud en mi vida sexual y no me arrepiento el haberme sometido a la prueba. Animo a todos a hacerlo, aunque creas que has corrido "riesgo bajo", el riesgo nunca es 0.

Ante la duda, reacciona.

domingo, 17 de junio de 2012

(des)motívate

Mirar páginas de búsqueda de empleo es sinónimo de desmotivación personificada. Es aciago el momento del día en el que piensas "voy a mirar como está el percal a ver si me saco unos eurillos al año próximo" y le echas un ojo a las susodichas páginas. La primera impresión es de aburrimiento, sólo buscan comerciales y programadores, qué tela, voy dos páginas más adelante. Pero vas dos páginas, y tres, y veinte, y no hay cambios.

A este punto te mosqueas. Tú ni estás preparado para eso ni te interesa. Continúas buscando y dejas de filtrar según las ofertas de trabajos que "te gustan" o que "podrías hacer" y miras las que no requieren experiencia. Automáticamente, desaparecen el 70% de las ofertas. Miras las que quedan. Se buscan jóvenes ambiciosos para trabajar de promotores, excelente imagen, alta remuneración, capacidad de trabajo en equipo, para nueva campaña de marketing del produc...dejas de leer. Querrías un dinero pero no quieres asaltar a la gente por Atocha para venderles mierdas o cuentas de banco. Lo que faltaba. Si eres una persona con un mínimo de conciencia social y ante la situación actual, verías más digno mendigar pan a Cáritas antes que trabajar de este modo para banqueros y multinacionales de publicidad que transmiten a través de estos trabajos la mentalidad macroempresarial, hoy llamada "cultura emprendedora", en la cual la agresividad y los máximos beneficios en el menor tiempo son la clave del vencedor, el que se queda con los despojos.

Y después de darte cuenta de que mendigarías antes que unirte a ello, empiezas a preocuparte. Porque sólo hay ofertas de ese estilo. O de "becas". "Becario en prácticas que quiera recibir formación gratuita en la empresa..." basta a este punto, basta. Se están riendo. Quieren que trabajes gratis y lo dicen sin tapujos.

Ya estás cabreado, pero empiezas a acojonarte. No hay nada. No hay oportunidades. Ni de camarero, aunque bueno, lo entiendes, no tienes experiencia. Pero luego ves que hasta a los pobres camareros les piden "inglés bilingüe". ¡¡¡BILINGÜE!!! Pero si ninguno de los presidentes del Gobierno de España sabe Inglés...aquí huele a podrido. Apesta.

Y después de haber mirado todo lo que no tiene que ver con lo que quieres hacer en tu futuro, te asustas, porque tú tienes título pero no experiencia, y tu campo es muy minoritario. Pocos tienen éxito, y tú sueñas con dirigir un museo. Y te pones a buscar de lo tuyo. Te desesperas. Te desmoralizas. Las ofertas de trabajo llevan caducadas 2 años o se limitan a ser de "auxiliar de la tienda de museo". Y las pocas que hay, son trabajo temporal.

Parece ser que el pescado está vendido. O mejor dicho, nuestro país. Lo sabíamos ya, pero esto ha sido ya la traca final. Rescate. Austeridad. Depresión. Recesión. Paro. Paro. Paro. Trabajo no pagado. Paro.

Y ya, definitivamente asustado, en crisis personal, te descargas un manual de alemán y otro de francés. Pa empezar a allanar el camino a la emigración, no más. Pero también decides tomarte en serio los estudios. Porque hay la mitad de becas que ayer, y se las van a llevar los grandes. Y hay que ponerse las pilas. Porque, a pesar de todo, los jóvenes tenemos un proyecto de futuro, y unas expectativas. Y salgan bien o mal, acabemos donde acabemos, nadie nos podrá decir que no lo hemos intentado. Porque yo voy a intentar llevar a cabo mi proyecto de futuro, cueste lo que cueste. Y sé que vosotros también.

Entre otras cosas, porque no tenemos muchas más opciones.
Interprétenlo como deseen.

Una oportunidad nace en el cruce de la suerte y el trabajo.
Y que la inspiración te pille trabajando.


Todo es ponerse.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Siempre nos quedará Twitter

La situación se nos escapa de las manos, señores. Nuestra generación tiene un problema que se va agravando de manera exponencial, como una bola de nieve. Esto ya no hay quien lo pare. Me refiero al asunto de internet y las relaciones interpersonales.

El primer paso para solucionar un problema es reconocerlo: internet ha sustituido al contacto humano. Así que, ¿por qué sigue habiendo gente que se empeña en verse cara a cara? ¿Qué es lo que pretenden? Hay personas que, por alguna inexplicable razón, quedan para verse, en persona, in situ, in fraganti. Es una abominación. Y no me refiero a gente que viva en países o continentes diferentes, no, ojalá. La cosa es mucho más seria. Hay pruebas irrefutables de que se han visto a varias personas que viven en el mismo barrio quedando. La sola palabra, quedar, debería provocar náuseas. Solo la semana pasada, se supo, gracias a la investigación policial de París pinchando conversaciones telefónicas y hackeando cuentas, que la increíble cifra de 12 personas quedaron para verse en la capital de Francia.

¿Qué hemos hecho mal? ¿Cuál ha sido, exactamente, nuestro error? ¿Es un problema de publicidad, de falta de difusión? ¿Por qué esas pobres personas siguen ignorando la realidad? Debemos ser conscientes de que actualmente, a nuestro alrededor, aún hay personas que quedan: se envían un mensaje al móvil (pagan por hacerlo), luego se llaman (aún más caro), y terminan saliendo al frío hostil y aturullante de la calle. Se arrancan de sus cómodas sillas ergonómicas y se arrojan al exterior, chocándose con la masa anónima, gris y enloquecida que se atropella recíproca y gustosamente en la calle, creo yo, que buscando en el repugnante calor humano, añorantes, el calor racional y ergonómico de sus sillas de despacho.

Afortunadamente el frío del invierno restaura el orden lógico de las cosas. Pero en cuanto empiece la primavera, la locura de salir al exterior y quedar revivirá con la fuerza enloquecida de las hormonas. La bioquímica del sexo nos priva del sentido de la razón y nos hace olvidar de la existencia del ciber-sexo, Match.com, Meetic.com y Parship.com, solo sustituibles en el hipotético caso de tener la intención de reproducirse (en cuyo caso es necesario salir al exterior para acudir al ginecólogo y poder realizar la fecundación in vitro).

Y no solo los individuos tenemos que asumir esta realidad. Todas las tiendas son innecesarias (puedes comprar online incluso la comida). Todas las empresas telefónicas, por ejemplo, deberían cerrar (¿por qué pagar para hablar?) Las salas de cine solo deberían admitir a las personas normales, la que van solas, y denegar la entrada categóricamente a aquellas parejas aberrantes o pequeños grupos de amigos atontados que se empeñan en seguir emponzoñando la industria del cine. Deberían incluso marcarles con un sello en la frente o un brazalete; que se avergüencen de lo que hacen y reflexionen. Pero ni siquiera el cine ya es necesario; el derrumbamiento del imperio Megaupload no cambia nada.

Podría decirse que Facebook ha ganado a Starbucks, pero afortunadamente, esta angelical cadena de cafeterías ha sabido ser coherente con la realidad presente. Felizmente, ya apenas se ven degenerados que necesitan compañía; casi hemos conseguido que solo acudan a las cafeterías estudiantes con apuntes y auriculares, y escritores con pequeños portátiles.

Le debemos a la medicina, la informática y la robótica, el feliz hecho de no necesitar en ningún caso el incómodo, antihigiénico y problemático contacto humano. Sal tan solo de tu casa para ir a clase, pero evita todo contacto verbal, visual, auditivo, olfativo, y sobre todo táctil. Dedícate a estudiar, para aspirar algún día a tener un trabajo decente (que podrás desempeñar desde tu silla ergonómica). Y antes de irte a dormir, podrás hablar con todos tus amigos, tu familia (aunque viva bajo tu mismo techo) y tu pareja: Facebook, Tuenti, Twitter, Skype, Whatsapp, Tumblr, Google+, Windows Messenger, etc. Un amplio y precioso abanico donde elegir, con mensajería instantánea, webcam, llamadas y video-llamadas. Disfrútalos y aléjate de la tentación.

En caso de que no entres en razón y todo esto no te sea suficiente, ve al psicólogo (disponible vía Skype).

martes, 20 de septiembre de 2011

Paris

Paris. Una ciudad donde todos los mendigos tienen perro. No para que les hagan compañía ni porque les gusten los animales. Se debe a una realidad pasmosa, pasmosamente tácita: que a la gente de esta ciudad le inspiran mucha más lástima los perros que las personas.

Aquí, no hay límites. La oferta de cosas para hacer, sean cuales sean tus gustos, es casi infinita. Pero la copa más barata vale 12€, y un café en el bar más cochambroso, 4€.

Paris. La gente se arregla para salir comprar el pan, para ir a clase, o para sacar dinero del cajero. Tanto hombres como mujeres van perfectamente conjuntados, y por todas partes se ven tacones, vestidos y trajes de chaqueta.

Y sobre todo... parejas. Parejas everywhere. Tantas, que el hecho de estar sola me dan ganas de ponerme a berrear en la calle, ver porno, darme a la bebida, o entrar con una motosierra en una sesión de Les misérables. Parejas heterosexuales, parejas homosexuales. Parejas en el cine, parejas en la universidad. Pero parece que se fijen más en la ropa y el pelo que en la cara: se encuentran innumerables feos con guapas, y guapos con feas. Es un misterio para mí.

Comparo Paris con un macarron: precioso en la superficie, pero cuando te das cuenta de lo que cuesta, te limitas a mirarlo con cara de pena, a sacarle una foto ("yo estuve aquí") y a comprar un sandwich en el supermercado.

Paris. Tiene la calle más cara del mundo. Y unos barrios periféricos donde la policía no se atreve a entrar de noche.

Ayer envié una postal a mi familia (sí, a mi familia. Así de bajo he caído. Así de puta es la soledad). Se ve que no escribí el remitente lo suficientemente pequeño. Hoy estaba en mi buzón. Toujours seule.
Merde.

martes, 1 de febrero de 2011

Malos humos


Tratando un tema muy de actualidad (quizá más de lo que me gustaría, ciertamente), me dispongo a hablar sobre la famosa, polémica, irreverente y zascalólica: LEY ANTI-TABACO (leer con voz tenebrosa mientras suena un grito agudo de fondo)

Y es que aquí, en este país al que me referiré sin calificativos, no se les vaya a caer el bigote o el jersey de los hombros del susto, la noticia ha pillado un tanto desprevenida a la población, y han saltado las alarmas generales, ¡Nos roban la libertad! ¡Machacadles! ¡Nos quieren poner a la altura de las normativas europeas! ¡No lo permitiremos! Y un largo etc. de gritos de socorro y pánico general.

Pero por mucho que ironice sobre el tema, y por mucho que agradezca el poder salir a tomar algo y que no me ahúmen cual salmón, hay que reconocer que muchas de las quejas son justificadas; las cosas no se han hecho como debieran, y eso está claro.

En primer lugar, en un país con una cultura “de bar” tan arraigada, el cambio drástico ha pillado demasiado de sopetón: de no haber prácticamente ninguna restricción (los locales para no fumadores eran un mito), de un día para otro la prohibición es total y rotunda.

Por otra parte, la planificación sobre este asunto por parte del gobierno ha sido pésima. Hace dos o tres años se cambia normativa, y se obliga en algunos locales a la instalación de las denigrantes “peceras”, donde faltaba tirar cacahuetes a los fumadores. Tras este gasto, ahora se prohíbe totalmente fumar en lugares públicos cerrados; lo que conlleva una muy recomendable la instalación de estufas exteriores y la invalidez de la inversión realizada en la instalación de peceras.

Teniendo en cuenta que el “pasar por caja” es algo prácticamente obligatorio e inevitable a la hora de regular un asunto de estos (habrá que contentar a algún cuñado/sobrino/primo/vecino de algún pez gordo), a mí en concreto se me ocurren varias formas de suavizar la ley manteniendo contentas a las masas. Por ejemplo, la prohibición total en los locales donde se sirva comida, pero en el resto la posibilidad de fumar siempre que el local cuente con un potente sistema de ventilación (nivel NASA o algo así)

Como ya se sabe, nunca llueve a gusto de todos, y siempre habrá alguien quejándose, que por algo es el deporte nacional. En relación con esto, me gustaría mencionar algo curioso, y es que por norma general, la gente joven fumadora muestra más respeto y tolerancia por quien no fuma que las personas de mayor edad. La actitud de los “parroquianos” anclados a un taburete de bar y fosilizados junto a la barra suele ser la de “pues a quien no le guste que se joda, que se vaya a un bar de no fumadores”. Pero, como ya he mencionado, esos bares son escasos, y si ya hablas de discotecas, son casi inexistentes.

Pero yendo más allá de la primera impresión, este cambio de actitud en los jóvenes es una muestra de la creación de una nueva conciencia sobre este tema que, si continua, probablemente va a hacer más tolerable un cambio tan radical como la prohibición absoluta que se ha decretado. Actualmente, en cambio, sin esa nueva conciencia en la mayoría de la población, el asunto es descabellado.

Además, en ámbitos como el ocio nocturno, ésta ley ha perjudicado más que beneficiar la comodidad de los clientes. Hay quien reclama, como respuesta a la Ley Anti-Tabaco, una Ley Anti-Sobaco, y por lo visto está a punto de convertirse en un asunto de estado…

Volviendo al tema serio, y como conclusión, la nueva normativa es demasiado estricta para la sociedad actual; el cambio, más que en la prohibición, debe radicar en la concienciación y en la educación a los jóvenes, acompañadas de medidas de regulación que allanen el camino sin restar libertades tan abruptamente.


Saludos desde el Olimpo