Zepelín de Alumnas Socialmente Cabreadas y Asqueadas



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domingo, 9 de octubre de 2011

MUJERES Y PALABRAS

Artículo encontrado en la web "Mujeres en red" bastante interesante, dejo el link del original y me hago un copy-paste http://www.nodo50.org/mujeresred/spip.php?article832

Sexismo en el lenguaje: apuntes básicos
Por Teresa Meana Suárez
No son necesarias las @ para incluir a las mujeres. Hay soluciones más creativas para transformar la lengua. Y cuando transformemos el lenguaje transformaremos la realidad.

Parece que fue ayer por lo claro que lo recuerdo pero hace casi treinta años. Sería aproximadamente 1973 y estábamos en una asamblea en la Facultad de Filosofía, en Oviedo. Había mucha gente y mucho alboroto y alguien -un hombre, claro- gritó: ¿Esto es una asamblea o qué cojones es? Otro -un fascista, claro- advirtió: ¡Cuidado con las palabras, que hay señoritas presentes!

Fue exactamente así y, por supuesto, la advertencia del fascista se acogió con un cierto regocijo general. Como en aquellos tiempos de fuerte lucha contra la dictadura de Franco las asambleas tenían turnos de palabras interminables, pasó un largo rato de intervenciones diversas. Al fin, se levantó Begoña -una amiga feminista- y habló: Yo sólo quiero decir una cosa: ¡Cojones! A mí, feminista desde que puedo recordar, aquello me encantó. Sentí que Begoña acababa de devolvernos a todas la voz, la existencia. Éramos de nuevo personas -como ellos- y no “señoritas” y teníamos derecho a la palabra. A todas las palabras. En la lucha por existir, si queríamos ser reconocidas y nombradas en “su” mundo, teníamos que usar “su” lenguaje. Begoña lo acababa de afirmar en voz alta: la lengua también era nuestra. Cuento esta anécdota para intentar explicar el apasionante proceso, el camino recorrido en estos más de veinticinco años de actuación del movimiento feminista en el tema del sexismo en el lenguaje. Un trayecto en el que supimos que tomar sólo la parte de la lengua que se nos adjudicaba equivalía a aceptar el silencio. En el que también aprendimos, como señala Christiane Olivier, que si utilizamos el lenguaje considerado “universal”, que es el masculino, hablamos contra nosotras mismas.

SILENCIADAS, DESPRECIADAS

En la lucha por esa lengua que nos representara a las mujeres y que enfrentara el sexismo lingüístico, hemos pasado por diferentes etapas. Al principio tratamos tan sólo de detectar el sexismo. Nunca antes lo habíamos notado y en absoluto éramos conscientes de cómo la lengua nos discriminaba. Empezaron a surgir los estudios y los trabajos sobre el tema.

Concretamos el sexismo en dos efectos fundamentales: el silencio y el desprecio. Por un lado, el ocultamiento de las mujeres, nuestro silencio, nuestra no existencia. Estábamos escondidas tras los falsos genéricos: ese masculino que, habíamos aprendido en la escuela, “abarca los dos géneros”. Y también estábamos ocultas tras el salto semántico. Debemos a Álvaro García Meseguer la definición de ese error lingüístico debido al sexismo: ése expresado en aquello de todo el pueblo bajó hacia el río a recibirlos, quedándose en la aldea sólo las mujeres y los niños. Así pues, ¿quién bajó, sólo los varones?

Por otro lado estaba el desprecio, el odio hacia las mujeres. Se manifestaba en los duales aparentes (zorro/zorra, gobernante/gobernanta, verdulero/verdulera, frío/fría, etc.), en los vacíos léxicos (víbora, arpía, etc. O caballerosidad, mujeriego, etc.), en los adjetivos, los adverbios, los refranes y frases hechas, etcétera., etc., etc.

SURGEN MIL Y UNA SOLUCIONES

Después de detectar el sexismo en el lenguaje, empezaron a aparecer diferentes recomendaciones para un uso no sexista de la lengua. Desde mediados de los 80 el feminismo avanza en estrategias para combatir tanto el silenciamiento como el desprecio, y se van perfeccionando las soluciones y redactando instrucciones nuevas. Hacia 1994 aparece en España el libro Nombra, elaborado por la Comisión Asesora sobre el Lenguaje del Instituto de la Mujer, verdaderamente clarificador y útil.

Las posibilidades que nos plantea son realmente variadas, creativas y diversas. Frente a los difíciles y continuos dobletes (con o/a, o (a), o-a) nos ofrecen: la utilización de genéricos reales (víctimas, personas, gente, vecindario y no vecinos, pueblo valenciano y no valencianos. También, el recurso a los abstractos (la redacción y no los redactores, la legislación y no los legisladores). También cambios en las formas personales de los verbos o los pronombres (en lugar de En la Prehistoria el hombre vivía... podemos decir los seres humanos, las personas, la gente, las mujeres y los hombres y también En la Prehistoria se vivía... o En la Prehistoria vivíamos...).

Otras veces podemos sustituir el supuesto genérico hombre u hombres por los pronombres nos, nuestro, nuestra, nuestros o nuestras (Es bueno para el bienestar del hombre... sustituido por Es bueno para nuestro bienestar...) Otras veces podemos cambiar el verbo de la tercera a la segunda persona del singular o a la primera del plural sin mencionar el sujeto, o poner el verbo en tercera persona singular precedida por el pronombre se (Se recomienda a los usuarios que utilicen correctamente la tarjeta... sustituido por Recomendamos que utilice su tarjeta correctamente... o Se recomienda un uso correcto de la tarjeta). Están también los cambios del pronombre impersonal (Cuando uno se levanta quedaría Cuando alguien se levanta o Al levantarnos y también cambiaríamos El que tenga pasaporte o Aquellos que quieran... por Quien tenga pasaporte... o Quienes quieran...).

También tenemos recomendaciones para corregir el uso androcéntrico del lenguaje y evitar que se nos nombre a las mujeres como dependientes, complementos, subalternas o propiedades de los hombres (Los nómadas se trasladaban con sus enseres, ganado y mujeres, Se organizaban actividades culturales para las esposas de los congresistas. A las mujeres les concedieron el voto después de la Primera Guerra Mundial), ofreciéndonos múltiples y variadas soluciones. Y así más, mucho más.

LA LENGUA NO ES NEUTRAL

Entretanto, ya existían dos posturas distintas en el movimiento feminista en torno a estas cuestiones. El planteamiento de quienes opinan que las mujeres debemos apropiarnos del genérico y hacerles a los varones un específico. Por ejemplo: en un centro de enseñanza seríamos -mujeres y hombres- profesores, y si nos referimos a Juan, diríamos profesor varón y de Ana podríamos decir ella es el mejor profesor del instituto. El otro planteamiento es el de las que pensamos que el genérico no es universal. Siguiendo con el ejemplo anterior: ellos y nosotras seríamos el profesorado o las profesoras y profesores.

La primera postura se expresa así: Lo genérico, lo neutro, lo universal es patrimonio de todos. Se debe denunciar la falsa universalidad, pero también se ha de reivindicar la participación de las mujeres en lo universal. Nosotras pensamos que no es cierto que lo genérico sea patrimonio común. Los vocablos en masculino no son universales por englobar a las mujeres. Es un hecho que nos excluyen. Se dice que son universales porque lo masculino se ha erigido a lo largo de la historia en la medida de lo humano. Así se confunden los genéricos con los masculinos. Como dice Fanny Rubio: La lengua será neutra pero no es neutral.

QUEREMOS NOMBRAR LA DIFERENCIA

Además, pensamos así porque queremos nombrar el femenino, nombrar la diferencia. Decir niños y niñas o madres y padres no es una repetición, no es duplicar el lenguaje. Duplicar es hacer una copia igual a otra y éste no es el caso. La diferencia sexual está ya dada, no es la lengua quien la crea. Lo que debe hacer el lenguaje es nombrarla, simplemente nombrarla puesto que existe. No nombrar esta diferencia es no respetar el derecho a la existencia y a la representación de esa existencia en el lenguaje.

García Meseguer dice que de una manera simplista las dos posturas se podrían resumir en torno a las recomendaciones de Nombra y a los inconvenientes que trae el seguirlas. A una corriente -en ella me incluyo- nos importarían más las mujeres que el lenguaje, y a la otra corriente le importaría más el lenguaje que las mujeres. Sin embargo, a todos los esfuerzos debemos increíbles avances. Les debemos las coincidencias y acuerdos en torno a la detección del sexismo y al lugar de las mujeres en el lenguaje, nuestra invisibilidad en los genéricos, la denuncia a los varones acaparando los conceptos de humanidad y de universalidad, la crítica a la invasión del pensamiento androcéntrico y de la cultura patriarcal como referentes y tantos descubrimientos más. Y a todos los esfuerzos debemos extensos análisis de diccionarios, medios de comunicación, textos literarios, lenguaje coloquial y tesis, tesinas, artículos, libros, conferencias, mesas redondas, apasionantes y apasionadas charlas sobre este problema, tanto en la lengua castellana como en otras lenguas.

MUJERES ESCRITORAS: HEROÍNAS MEMORABLES Y OCULTADAS

Más sancionando que el hablar, el escribir para las mujeres ha sido visto como la usurpación de un derecho que no les pertenece y además como una práctica inútil, como lo que no les corresponde. Dice Virginia Woolf: Creo que pasará aún mucho tiempo antes de que una mujer pueda sentarse a escribir un libro sin que surja un fantasma que debe ser asesinado, sin que aparezca la peña contra la que estrellarse.

Del libro de Yadira Calvo A la mujer por la palabra, me permito entresacar algunas historias. La de Fanny Burney quemando todos sus originales y poniéndose a hacer labor de punto como penitencia por escribir. La de Charlotte Brönte poniendo a un lado el manuscrito de Jane Eyre para pelar papas. La de Jane Austen escondiendo los papeles cada vez que entraba alguien por la vergüenza de que la vieran escribir. La de Katherine Anne Porter declarando haber tardado veinte años en escribir una novela. Fui interrumpida por cualquiera que en un momento dado apareció en mi camino. Porter calculaba que sólo había podido emplear un diez por ciento de sus energías en escribir. El otro noventa por ciento lo he usado para poder mantener mi cabeza fuera del agua, decía.

Recuerdo esa foto de María Moliner remendando calcetines con un huevo de madera, mientras ésa su ingente obra, Diccionario del uso del castellano iba naciendo entre ollas y coladas. Leo las quejas de una Katherine Mansfield reprochándole a su marido: Estoy escribiendo pero tú gritas: Son las cinco, ¿dónde está mi té? O el dulce lamento de una cubana del siglo pasado que no firmó sus obras: ¡Cuántas veces lentamente/ con plácida inspiración/ formé una octava en mi mente/ y mi aguja inteligente/remendaba un pantalón! Por eso dijo Virginia Woolf a propósito de la duquesa de Newcastle: Sabía escribir en su juventud. Pero sus hadas, caso de que sobrevivieran, se transformaron en hipopótamos.

Otro hecho gravísimo: la atribución de las obras de las mujeres a otros, y en especial a sus maridos. Debe haber sido un fenómeno muy frecuente pues tenemos bastantes referencias. Desde el artículo publicado en 1866 por Rosalía de Castro Las literatas: carta a Eduarda, en el que la autora advierte de ello, hasta estas palabras de Adela Zamudio, escritora boliviana del siglo XX: Si alguno versos escribe /de alguno esos versos son,/ que ella sólo los suscribe./ (Permitidme que me asombre.)/ Si es alguno no es poeta,/ ¿Por qué tal suposición?/ ¡Porque es hombre!

Están también los hechos históricamente comprobados: el célebre caso de María Lejarraga, autora de las obras firmadas por su marido Gregorio Martínez Sierra. Y el hecho de que a Zelda Fitzgerald también fue su marido quien le prohibió publicar su Diario porqué él lo necesitaba para su propio trabajo. Y el que las primeras obras de Colette aparecieran firmadas con el nombre de su marido, quien incluso cobró el dinero de su venta. Alguien me dirá que voy muy atrás y que la humanidad ha cambiado en los últimos veinte siglos. Pues bien, en el año 2000 y en España sólo un diez por ciento de los libros publicados están escritos por mujeres.

CAMBIAR LA LENGUA CAMBIARÁ LA REALIDAD

No obstante, hay algunas capaces de trepar la cuesta de lo prohibido, de robarle a la vida ese diez por ciento de energía necesario para mantener la cabeza fuera del agua. Y la mantienen. Y escriben. Y se lo editan. Y aquí seguimos todas las demás. Luchando y celebrando los nuevos éxitos, Extendiendo la red para que todas las mujeres de la tierra tengan derecho a la voz, a la palabra. Sabiendo que vemos el mundo a través del cañamazo formado por la lengua y motivadas por la certeza de que el lenguaje sexista, el que hemos aprendido, contribuye a la perpetuación del patriarcado. Sabiendo también que cuando tengamos una lengua que nos represente cambiará la realidad. Por eso seguimos adelante. Y no dormimos más a las niñas con cuentos de hadas. Les decimos que las niñas buenas van al cielo y las malas van a todas partes. Y que colorín colorado, esta historia no ha acabado.

martes, 20 de septiembre de 2011

Paris

Paris. Una ciudad donde todos los mendigos tienen perro. No para que les hagan compañía ni porque les gusten los animales. Se debe a una realidad pasmosa, pasmosamente tácita: que a la gente de esta ciudad le inspiran mucha más lástima los perros que las personas.

Aquí, no hay límites. La oferta de cosas para hacer, sean cuales sean tus gustos, es casi infinita. Pero la copa más barata vale 12€, y un café en el bar más cochambroso, 4€.

Paris. La gente se arregla para salir comprar el pan, para ir a clase, o para sacar dinero del cajero. Tanto hombres como mujeres van perfectamente conjuntados, y por todas partes se ven tacones, vestidos y trajes de chaqueta.

Y sobre todo... parejas. Parejas everywhere. Tantas, que el hecho de estar sola me dan ganas de ponerme a berrear en la calle, ver porno, darme a la bebida, o entrar con una motosierra en una sesión de Les misérables. Parejas heterosexuales, parejas homosexuales. Parejas en el cine, parejas en la universidad. Pero parece que se fijen más en la ropa y el pelo que en la cara: se encuentran innumerables feos con guapas, y guapos con feas. Es un misterio para mí.

Comparo Paris con un macarron: precioso en la superficie, pero cuando te das cuenta de lo que cuesta, te limitas a mirarlo con cara de pena, a sacarle una foto ("yo estuve aquí") y a comprar un sandwich en el supermercado.

Paris. Tiene la calle más cara del mundo. Y unos barrios periféricos donde la policía no se atreve a entrar de noche.

Ayer envié una postal a mi familia (sí, a mi familia. Así de bajo he caído. Así de puta es la soledad). Se ve que no escribí el remitente lo suficientemente pequeño. Hoy estaba en mi buzón. Toujours seule.
Merde.

domingo, 29 de mayo de 2011

ERASMUS GUIDE FOR DUMMIES (I)


Debido a la situación en la que nos vamos a encontrar el próximo año, me veo en la necesidad de iniciar una guía para Erasmus dirigida a los diferentes países que todas las habitantes del Parnaso vamos a visitar el próximo año, bien porque estemos allí, bien porque vayamos a tocar las narices a alguna compañera.
La primera entrega es ITALIA!!

Esta entrada está dedicada al primer paso que se debe dar cuando se va a un pais extranjero: aprender los insultoslocales. He encontrado un post en Taringa sobre el asunto, os lo dejo a ver qué os parece:

Vamos entonces con la breve y amena lección de italiano coloquial. Muy coloquial. La lección de hoy versará sobre aquellas palabras de uso cotidiano que facilitan la comunicación con los simpáticos ciudadanos: Sustantivos despectivos.

Lo más común y banal que aprende un niño es decir cosas tales como stupido, cretino, imbecille, etcétera. Son los insultos más sencillos y los menos inofensivos. El paso siguiente es una palabra de significado obscuro, stronzo (que no hay que confundir con el elemento químico, el stronzio); un stronzo equivale a un excremento , o en palabras menos cultas, una albondiga marrón de procedencia humana, vamos . Esta interjección puede usarse sola o mediante la construcción Sei uno stronzo, que queda muy firme. Una variante más prosaica es pezzo di merda o sacco di merda (o cacca, pero queda infantil).

Subiendo de peldaño, la referencia a la familia biológica es obligada. Cuestionar, de hecho, la maternidad del sujeto a insultar, es común y goza de gran popularidad. Figlio di Puttana satisface tal necesidad verbal. El epíteto zoccola (junto a bagascia, que es más culto) también puede aplicarse, generalmente a la madre misma del sujeto, o a una mujer de la cual cuestionamos la integridad moral. En la zona de Roma y alrededores se prefiere la locución fiyo della gran mignotta. Por lo que se refiere al órgano sexual femenino, al cual hace referencia la voz castellana concha o zorra, en italiano puede emplearse fica o figa, pero no suele usarse como interjección insultante.

En lugar de pij.. o verg.., pues, el italiano apela al órgano sexual masculino mediante cazzo, que tambien viene a tener el mismo significado de joder!. Para insultar un tercero, se usa testa di cazzo. También podemos enviar la otra persona a ceder su trasero para prácticas de sodomía mediante vaffanculo, vai a farti dare nel culo o la versión milanesa, vai a da vía i ciap. Volviendo al órgano reproductor masculino, se puede usar también para definir un acto fallido, una cagad... que nos mandamos y/o se mandaron; en esta eventualidad, usamos cazzata, o la frase hai fatto una cazzata (o una stronzata si se prefiere el coprolito).

Las gónada masculinas, los testículos, también son mencionados en la rica tradición de insultos italianos. "Estar hasta las pelotas" se traduce como ne ho le palle piene, o ne ho per le palle. También puede decirse mi girano i coglioni. Si la causa de las molestias es un tercero al cual queremos comunicar nuestro malestar, es decir, que no me rompas los hue... se le dirá non mi rompere i coglioni, o se le definirá directamente como scassapalle o rompicoglioni. La persona en exceso servicial, por otro lado, tiene varios apodos: ciucciacazzi (donde ciuccia es "chupa" - descifre el significado entero el lector),leccaculo (donde lecca es "lame") o leccapalle.

Otro dato, los de Italia norte solían llamar a los del sur "torrone di merda". que podriamos traducir como "turrón de mier...", mientras que estos se defendian diciendoles "polentoni fascisti" que sería algo asi como "polentosos fascistas" . Y es así que mi vieja es tana del norte y mi viejo del sur por lo que yo seria un "turrón de polenta de mierda fascista"

Finalmente, para concluir esta alegre clase de italiano, terminamos con un adjetivo que puede atribuirse a objetos de calidad ínfima, faltos en belleza y gracia, o sencillamente repugnantes: cesso. Significa "letrina".

viernes, 29 de abril de 2011

MEDIDAS CRÍTICAS

Imágenes encontradas surfeando en la red (la expresión más casposa del mundo xD).
El Museo del Prado, debido a la crisis, ha decidido renovar su colección para acercarse más al sentimiento del ciudadano de a pie. Aquí hay algunos ejemplos:








Agur, mingafrías!

Y saludos desde el Olimpo, cada vez más cerca ^^

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Piratas y sacos de billetes

Como la tarde en el Olimpo prometía poco, decidí acompañar a mi progenitor a un concierto, bastante exclusivo pese a ser gratuito (por su emplazamiento, su ambiente, la zona donde se celebraba, etc, no vamos a hacer publicidad innecesaria y no remunerada) de un trío de jazz latino que interpretaba obras de Chopin y que, entre otras cosas, tenía la función de promoción-difusión del disco donde se recogían dichas versiones de Chopin.

Hasta ahí todo normal, eran bastante buenos, un concierto entretenido, un rollo muy familiar-colegueo-aquinosconocemostodos que me hacían sentir de vez en cuando como si me hubiera colado en la fiesta equivocada; pero en general nada especialmente sorprendente.

Quizá lo más sorprendente fue el colofón de la velada, con un hombrecillo barbudo con unas gafas curiosas y con pinta de saber bastante del tema diciendo que “hoy es un día muy triste para la cultura”, porque “el Gobierno ha apoyado a los piratas” y un discursito sobre el hecho de que no se haya aprobado hoy la famosa Ley Sinde.

Sin saber donde meterme, me di la vuelta intentado disimular mi media sonrisa que estaba evolucionando a sonrisa entera, buscando una mirada cómplice frente a la expresión inquisidora del orador. Sólo pude refugiarme en un triste ficus, arrinconado detrás de una mesa, que parecía que me sonreía con sus hojitas plastificadas. Que cuqui.

Más tarde, me enteré de que el barbudo parlanchín en realidad era el productor de Celia Cruz, del disco de Miliki (payasadas aparte) y el compositor de la sintonía de la serie David el Gnomo. En conclusión, era uno de los muchos chupasangres que a cambio de poner la pasta y tener buenos amigos, se llevan gran parte de los beneficios que deberían ir destinados a los artistas y son los máximos responsables del encarecimiento de la música. Por consiguiente son los únicos que se quejan de la piratería, porque su sistema de “pongo 10 y me llevo 100” flaquea bastante si la gente se descarga música.

Patalean los de siempre, porque quieren tener más; la avaricia rompe el saco, diría alguna abuela con un léxico más tradicional y menos explícito. Y me parece indignante que este sistema de intermediarios en la cultura no pueda caer porque a quien parte el bacalao no le interesa que nadie deje de ganar dinero, aunque sea a costa de la gente de a pie que se gasta su dinero, porque a la cultura no se puede renunciar. Y da que pensar que llamen "piratería" a la difusión de CULTURA por internet y al enriquecimiento tan ingente y vergonzoso lo llamen "producción" (o discográficas, o política, o banca, o pensión vitalicia....)

Por cierto, ninguno de los artistas mencionó el tema de la piratería, solo el productor. ¿No hace pensar?

Saludos desde el Olimpo